Llamados a “estar con Jesús” para ser luego “enviados por EL), los candidatos necesitan crecer en su adhesión personal al Jesucristo; A este propósito sirve la vida espiritual que informa y anima todos los aspectos de la formación presbiteral. Por tanto, el Seminario debe ofrecer el ambiente propicio y la organización adecuada que favorezcan el desarrollo de esta vida espiritual, “abriendo más espacios para la liturgia, la oración, la piedad mariana, la dirección espiritual y la Lectio Divina”.

Es necesario al presentar esta reflexión acerca de la formación para el ministerio de los presbíteros en el seminario, dejar bien claro el concepto sobre lo que es el Seminario. Recurrimos a la Exhortación PASTORES Dabo Vobis para extraer algunas afirmaciones concretas al respecto.
En el número 60 dice: “Desde un punto de vista cristiano, el seminario debe configurarse, como “comunidad eclesial”, como “comunidad de discípulos del Señor, en la que se celebra una misma liturgia (que impregna la vida del espíritu de oración), formada cada día en la lectura y meditación de la Palabra de Dios y con el sacramento de La Eucaristía, en el ejercicio de la caridad fraterna y de la justicia; una comunidad en la que, en el progreso de la vida comunitaria y en la vida de cada miembro, resplandezcan el Espíritu de Cristo y el amor a la Iglesia”.

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OBJETIVO DE LA DIMENSION ESPIRITUAL

Propiciar y acompañar en los formandos el desarrollo de la gracia del bautismo y de su vocación al ministerio presbiteral, para que, abiertos y dóciles a la acción del Espíritu Santo, puedan encontrarse con Cristo, se identifiquen con Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia y, en Él, sean fieles a Dios, a la Iglesia y a los hombres sus hermanos. (cf. OT 8).